Ensambles Steampunks en Ciudad Ojeda: Las melacólicas naves de Arévalo García

Publicado por FloraFrancola sábado, 1 de diciembre de 2012 0 comentarios



Como salidos del imaginario steampunk, como maquinas futuristas pensadas en el siglo XIX, los ensamblajes de Arévalo García son naves que viajan en el tiempo emergiendo de historias de H.G. Wells y Julio Verne, colmadas de pequeños detalles que han sido en algún tiempo estructuras funcionales.


Cientos de engranajes perfectamente ubicados destacan sobre grandes piezas de madera rústica y metales rescatados de viejos deshuesaderos de la costa oriental zuliana. Arévalo hace su vida entre Ciudad Ojeda - pueblo de historia petrolera al otro lado del puente, donde reside- y Maracaibo, ciudad de caos donde estudia artes y hace una vida paralela. La vista y paso continuo por un lago casi abandonado parecen incidir con fuerza en su propuesta, los navíos atemporales que flotan en aguas imaginarias desdibujadas en los muros y retablos.


El ensamblaje es una técnica de composición tridimensional similar al collage, donde piezas de diverso proceder van a formar parte de un objeto escultórico  estético. No se trata solo en conseguir cada elemento y darle ubicación; la poética de lo fortuito, de la dialéctica compositiva y etérea, de la conversación con cada trozo de madera,  viene a determinar que cada clavo y tornillo sea una respuesta a demás de técnica, formal.


El paso del tiempo, el romance de los días olvidados y la incertidumbre del futuro se hacen presente en mecanismos de antiguos relojes, péndulos, resortes y espirales, es posible que si miras sus ensamblajes por un tiempo, escuches melodías y algunos cuantos tics - tacs.

La participación ocasional del legado textil, de lo que toda madre o abuela nos ha dejado, se ve en las velas translúcidas de algunas carabelas, como fantasmas que se mueven con el viento de la inmensidad de la mar, de ese persistente lago. Otra referencia puede ser también, partes desgastadas de aquellas máquinas de coser, herencias familiares o desperdicios amontonados, como chechere o perol, vestigio de la transculturización que entró por los puertos zulianos para los años de aquel boom petrolero.


Entre otras cosas, Arévalo se hace acreedor de algunas premiaciones y reconocimientos en la región por la calidad y estética de su trabajo, pero en este espacio no hablamos de galardones, como generación del cambio, el acercamiento tanto a la obra como a su autor es la la única forma de absorber y celebrar ese pulso infinito de buenaventura que nace del espíritu y revuela por sobre la atmósfera, trascendiendo.

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Nota de la autora
Todas las imágenes son propiedad intelectual del artista.






"Elvira" por Lauren Bianchi (Entrevista)

Publicado por Victor Manuel Pinto sábado, 10 de noviembre de 2012 0 comentarios



Elvira


La aproximación a una obra de arte requiere de nuestra atención, ir a hacia ella sin prejuicios teóricos, dejándola entrar por los pasillos de los sentidos hasta que se acomode en nosotros y viceversa. Es un proceso de reconocimiento en el que si no se está atento toda la representación se convierte en asociaciones alejándonos de la inmanencia de la obra. Lauren Bianchi, pintor y guitarrista de la banda de rock valenciana Cronovisor, logra la reunión de una mirada que nos inquieta. Elvira (su primera exposición individual) abre los cuartos íntimos de nuestros deseos y perversiones, sin embargo, a pesar del tratamiento en apariencia violento en la propuesta figurativa, sus pinturas se presentan de una forma sugerente, amigable, como si reconocieran en nosotros a un cómplice.

¿Quién o qué es Elvira en este trabajo?

Todos los artistas tratan de demostrar algo a través de su trabajo, algo común que está presente en la cotidianidad y que a menudo pasa o pasamos por alto, con Elvira lo que quise demostrar es esa doble vida que llevamos todos. La diferencia entre el ser humano de la cotidianidad y el ser humano instintivo, siempre con una connotación sexual, me parece que la sexualidad es el lugar en el que todos, vengamos de donde vengamos siempre vamos a converger. Con Elvira quise personificar el estado instintivo – sexual en el que todas las personas caen. Puedes ser el presidente, un obrero, un tipo muy culto, pero siempre vamos a cargar ese lado instintivo que reflejamos a través de la sexualidad. No podría identificar cada uno de los personajes de las pinturas, tal vez una de esas tipas puede ser una abogada, o trabajar en el personal de mantenimiento de un centro comercial, pero en el acto sexual se borran esas barreras sociales de clase, todos convergemos en el mismo punto.


A pesar de retratar la sexualidad, sólo usas la figura femenina, imagino que eso se remite al título de la serie: Elvira. ¿Por qué está ausente la imagen del hombre, por qué solo la mujer?

Ya esa es una cuestión que hago como un homenaje a los artistas que me influyeron, de hecho el título de la exposición y el título de una de las obras: Elvira, es un homenaje a Egon Schiele, quien tuvo una hermana llamada Elvira que murió siendo aún una niña, y aunque el nombre de la muestra no remita directamente al tema de la exposición, es un reconocimiento a los pintores que me han influido, especialmente Egon Schiele, o Gustav Klimt, como sabes Schiele fue discípulo de Klint; seguir la línea de la estampa de la mujer completa ese homenaje. Elvira reúne once cuadros de figuras femeninas y uno abstracto, o sea, once pinturas figurativas y una abstracta, en la abstracta quise representar un estado (aunque no estoy seguro si lo logré o llegó a comprenderse) es el estado que representa al uno mismo ¿cómo hacer para pintar un estado? ¿Cómo hacer para pintar la locura por jemplo? Podríamos dibujar rayas y decir: esto es locura o esto es tranquilidad, sin embargo, lo que yo quise retratar fue un estado. Para pintar un loco pintaríamos a un hombre despeinado o sucio o no sé, pero ¿cómo pintar el estado de locura?


Aura VII

¿Tratas de trascender el estereotipo buscando un retrato del estado mental o espiritual?

Sí, aunque no sé si pude llegar a ilustrar ese estado de dualidad en el que vivimos siempre. Por ejemplo, tú estás en esta oficina leyendo poesía, pero tal vez eres un sexoadicto o eres un frígido, ¿cómo hacer para ilustrar eso? Esa pintura abstracta intenta representar una mirada dentro de sí mismo, como cuando cierras los ojos y ves sólo negro y manchas blancas. Elvira es un estado, pero al mismo tiempo tiene muchas ramas, no es sólo la dualidad entre el ser cotidiano y el instintivo sino también el problema de la doble vida que uno tiene que vivir muchas veces como artista, a veces queremos dedicarnos a algo pero nos vemos obligados a hacer otra cosa a través de reglas sociales impuestas, no sé si has pensado eso al ver una pareja en el mercado, aparentemente normales ¿qué pasará por sus cabezas? Tal vez en su intimidad se amarran con cadenas y se pegan con un látigo, pero deben cumplir con ir al trabajo y mantener un comportamiento. No se trata de juzgar lo que hacen, decir si está bien o mal, sino esa doble vida, creo que nadie vive una sola vida como tal.

Nos hablas del marco semántico en tu trabajo: la dualidad entre lo instintivo y lo cotidiano lo que está detrás de las figuras, pero en cuanto a la parte formal: el color, las dimensiones, la técnica. ¿Cómo fue ese trabajo con Elvira?  ¿Cómo te paras ente esa inseguridad que mencionas, ese saber si logramos algo o no?

Yo creo, que eso fue un experimento, no creo… estoy seguro, de eso si estoy seguro, quizás… no sé, siempre me he dejado llevar por imágenes, por aquello de primero copiar y luego hacer, no tengo unos parámetros cuadrados para decir yo hago esto y luego aquello, obviamente uno siempre tiene algo de técnica. Debo acentuar el hecho de que no estudié pintura, me formé un tiempo en área del dibujo, me considero más dibujante que pintor, en cuanto al proceso de creación de un cuadro, es la imagen la que hace que yo vaya por ella, como cuando fluye una canción, no tengo nada establecido o no sé cómo va a finalizar el trabajo. Al comienzo tengo una idea, un punto de incertidumbre, de curiosidad y me voy con él, pero cuando estoy trabajando me concentro más en el proceso que en el resultado. No pienso en los colores antes de la obra, es un proceso más natural, sin caer en esa cuestión de algunos artistas de “yo me dejo llevar por un espíritu que me posee” no, simplemente voy haciendo las cosas, trato de imaginar inocentemente, como un niño. A veces ciertos colores te llaman la atención, te persiguen; por ejemplo, tú que eres creador, tal vez tu problema un día sea la política, y luego escribas un poema de protesta, de repente mi problema del día fue el amarillo, apliqué mucho amarillo y no puedo despegarme, o quizás un día me doy cuenta de que todos mis cuadros son opacos y quiero trabajar colores claros. Simplemente me dejo llevar, voy viviendo y observando todo, y trabajo en base a ello. No soy un profesional, ni un pintor formado, no tengo una paleta de colores especial, sólo me dejo llevar.

Relacionas la pintura y la música en cuanto al abordaje de una obra; tu trabajo con Cronovisor te ha llevado a mezclar lo musical con lo pictórico, muestra de ello fue la elaboración de la ilustración para el disco Pueblo chico infierno grande de la banda de rock valenciana Alfombra Roja. ¿Cómo vives ese proceso de simbiosis?

Para mí la música y la pintura tienen una relación directa, si estoy dibujando pienso en un sonido, si estoy escuchando algo pienso en una imagen. No podría pintar sin escuchar algo de música, a menudo escojo lo que escucharé para la creación de cierto cuadro, o una serie; no es lo mismo pintar escuchando La Billos que hacerlo escuchando Queen of the Stone Age. Con Alfombra Roja fue un caso especial, porque yo era un tercero en ese trabajo, no tenía clara la traducción música- imagen, algo que es muy representativo en las bandas de rock de los años 60, por ejemplo en el disco Abraxas de Santana, existe una relación profunda entre la música y la imagen que ilustra la portada del disco. Me interesa mucho el proceso de crear una imagen a partir de sonidos y viceversa. En cuanto a mi trabajo con la música y la pintura, todo depende del cuadro de confort que uno tiene en el trabajo, no se trata del gusto por una u otra actividad, sino de qué fluye primero. Para escribir una canción se necesita un tiempo distinto al que me toma pintar un cuadro, también estados de ánimo, condiciones de espacio. Mi trabajo musical y pictórico trata de ser natural, lo dejo fluir porque me gusta, tal vez un día pinto más hacer música, o al revés, sólo lo dejo fluir.

¿Cómo ves la pintura en Venezuela, especialmente el trabajo de los jóvenes?

Me considero un pintor solitario, me rodeo de muchos tipos de personas y no todos son pintores, en realidad muy pocos lo son, sin embargo, he podido ver que a veces la tecnología, toda ese flujo de información mata esa incertidumbre que mueve al artista, no lo digo como una crítica, sino como algo que he visto, pienso que hay mucho de artificios, parafernalia, a veces no se demuestra lo que siente o se cree que es; hay algo de banalidad, pero he revisado textos y cosas del arte venezolano y en algunos casos… parece que siempre ha sido así… no sé, puedes andar en la calle con la idea de que eres rubio, pero si no lo eres realmente, si eres moreno, no serás rubio para nadie, si vas a pintar pinta con tu color. Prefiero hacer una línea choreta que represente lo que yo pienso y siento por más estúpido que resulte para alguien, así ya existan miles de investigaciones, pues no me considero un investigador, o que ya se haya hablado y tocado el tema que yo pinté, pero bueno… es mi línea choreta, y la respaldo con mi basamento, con un argumento que trato de hacer desde el corazón en vez de hacerlo con técnicas o un punto aquí… otro allá. Sólo trato de demostrar lo que realmente estoy pensando o sintiendo.

Creo que sólo a través del trabajo directo con el arte y el esfuerzo que esto significa, se puede emitir alguna especie de definición (si hiciera falta) del trabajo que realizamos, en ese sentido ¿Qué significa hoy la pintura para ti?

Plantear una idea que no me deje descansar, una idea que me produzca mucha incertidumbre.

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Algunas pinturas de la muestra: 



Anna Buli VI

Nina Luz II. 

Flor Marie III















Excusas y acusas para hablar de Vetusta Morla

Publicado por Maily Sequera martes, 6 de noviembre de 2012 3 comentarios




Me encuentro imposibilitada para escribir un artículo a la vez. Hace meses, maduré, en un acto de reflexión interna, que estamos jodidos como artistas, como creadores de obra y contenido, si seguimos regalando nuestro trabajo. Un par de años atrás, mi posición al respecto se estacionaba cómodamente en la acera del frente. Pensaba que en un país donde el sueldo promedio alcanza para lo que alcanza, la cultura, el arte y el entretenimiento, como ítems presupuestarios, eran la última prioridad de casi todos. Entonces, uno, denominado “el artista”, ante cualquiera de las necesidades imperantes que manejan nuestra búsqueda de exposición, estamos casi obligados a obsequiar nuestra obra. En mi juventud inmediata pensaba que regalar mi trabajo artístico era un acto mártir y anárquico súper revolucionario. Jamás pude defender mi punto ni contentarme con esta resolución que, afortunadamente, ahora y para mí, ha muerto.
 
Lisandro Aristimuño
Todo esto se me ocurrió antes y no se me ocurrió a mi sola. Un día, mirando de más en una librería, Ana Fernández a.k.a. La Bien Querida, Gato Muñoz y Lisando Aristimuño, me dijeron esto desde una revista impresa en España:
“Internet es un arma muy poderosa y muy útil para ayudarte a divulgar tu trabajo… Pero tiene doble filo”, dice Ana. “La gente a veces se olvida de que éste es nuestro trabajo, que nos encanta, pero no deja de ser nuestro trabajo y nadie trabaja gratis”, cuenta Muñoz. (…) “Es verdad que en Argentina los discos son muy caros, pero aun así me molesta. Porque luego la gente sí que compra ropa de marca o móviles de última generación… Es todo una cuestión de prioridades, no de precio. No critico esas opciones pero tampoco las acepto como excusa”, opina Lisandro. “Ya era así antes de la crisis: la gente no valora este tipo de trabajo. A nadie se le ocurriría pedirle a un médico al que le encanta lo que hace que lo opere gratis… Pero a nosotros, los músicos, es como si tuviéramos que estar agradeciendo todo el rato por hacer nuestro trabajo”, sigue Ana.

Reunión en La Cumbre (con Ana Fernández, Lisandro Aristimuño, Gato Muñoz y Andrés Correa). Zona de Obras, nº 64, Verano 2011.

La pregunta ya no es cómo sobrevive un artista en una economía en crisis, porque el artista no es un ente magnífico y superior flotando en la periferia de la realidad. No es cuestión de salvar al artista, pretender que siga sonando la orquesta cuando termina de hundirse el Titanic, sino cómo se puede involucrar el artista en la solución de la crisis. Esa es mi pregunta y por eso es que este artículo es una excusa perfecta para hablar de lo que ha hecho Vetusta Morla con la Orquesta Sinfónica de Murcia

Vetusta Morla es una banda madrileña activa desde el 2002 pero fue hasta 2008 que editó su primer LP (Un día en el mundo) y en el 2011, su más reciente disco, Mapas. Si quieren mi opinión, ambos son bestiales. Lo que pasa con Vestusta Morla es que no solamente es una banda de rock alternativo que tiene los cojones de sonar como si no hubiese mañana sino que, desde sus comienzos, apostaron por lo que tenían que decir, grabaron dos discos y lo dijeron. El rock cómodo que se acomoda, que no nos cuenta nada, que no se compromete, es lo que no vas a tener de Vetusta. Eso ahora no solo es una diferencia sino que es una diferencia importante. Lo que ya sabemos es que en las artes no basta con hablar de sacudidas, hay que sacudir.




La ciudad de Lorca, en Murcia, quedó parcialmente destruida (80% de las viviendas resultaron dañadas o en ruinas) luego de un terremoto de magnitud 5.1 que los sorprendió el 11 de mayo de 2011. Entre los edificios que quedarían seriamente dañados está el Conservatorio Narciso Yepes, lo cual impide que se sigan dictando clases en él. El proyecto de apoyo de Vetusta Morla y la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, consistió en dos veladas de conciertos (31 de mayo y 1º de junio de 2012) donde se encontraron el rock y la música clásica, reinterpretando temas de los dos discos de la banda con arreglos orquestales de trece compositores profesores del Conservatorio. El objetivo: recuperar la infraestructura del conservatorio con las ganancias obtenidas, así como llamar la atención sobre la reconstrucción de la aparentemente olvidada Lorca. El sistema: Vetusta Morla, en su página web y su canal en Youtube
, deja escuchar y ver libremente parte de los conciertos pero para descargar la grabación completa, el interesado debe donar una cantidad de dinero –establecida según su criterio- que ayudaría a continuar con la rehabilitación del Conservatorio Narciso Yepes de Lorca. “Una muy emocionante experiencia de humanidad y cooperación, en este caso a través de la música y a favor de una población, la de Lorca, que ha sufrido una tragedia que no merece caer en el olvido”, escribe Vetusta Morla en el comunicado publicado en su web.


La política o sistema del "Name-Your-Own-Price" (NYOP) no es cosa nueva. NIN, Radiohead, y hasta Flea (RHCP) en su disco en solitario, propusieron que sus fans decidieran cuánto pagar por su trabajo. Tampoco es novedad dirigir las ganancias de una obra a la caridad social pero me disculpo porque mi investigación ha sido infructuosa y mi memoria es breve: no pude registrar iniciativas locales, criollas, donde la música alternativa esté involucrada en programas sociales u obras de beneficencia. Sí, los artistas y bandas de la música alternativa venezolana suelen responder a invitaciones de otras instituciones, entregando su talento por el gusto de colaborar con alguna causa. Aun así, en Venezuela, las necesidades o las oportunidades de mejorar alguna situación se pasean en nuestras narices y hemos sido incapaces, como colectivos o en solitario, de desarrollar el interés público por alguna de estas carencias y tratar de solucionarlas con el recurso artístico y cultural. Y es que, puede ser que el músico, la banda, desde su limitada mitificación, no parezca necesitado de la retribución económica de un público que quiere ignorar el funcionamiento de su empresa pero, si hay que comenzar a educar a quien quiere todo dando nada, podemos comenzar gustosamente vestiendo la retribución económica con el traje de la ayuda sostenida a causas con las que nos sintamos comprometidos y conectados.

Ésta no es una invitación a convertirnos en Bono o Juanes, su versión caribeña, sino a hacer un cambio microscópico, imperceptible pero importante, por quienes hacen la música alternativa de este país, la cual –en teoría- está hecha por y para los jóvenes, gente que naturalmente debería ser antisistema, seducida fácilmente por la idea de cambiar las cosas, con ganas de plantar ideas, hacer pequeñas diferencias, decir y hacer las cosas que otros no quieren. Creo ya hay que mover el carro, estacionado hace años en la apatía post-moderna.

Nota de la autora: Vetusta no es solo una excusa. Su disco sinfónico es perfecto. Disfruten.



EFPEUM y nuestra ciencia ficción

Publicado por J. E. González Vargas sábado, 3 de noviembre de 2012 3 comentarios



En América Latina se tiende a tener cierta renuencia a etiquetas como “ciencia ficción” o “fantasía” ya se tienen a percibir como infantil, simplón y escapista; estos calificativos, aunque bastante básicos e injustos, a veces no son del todo inmerecido, sin embargo la idea de “ciencia ficción” específicamente parece atraer imágenes de frialdad, alienación y transculturización o, como comentan algunos, suele esconderse bajo la muy general definición de “realismo mágico” o prefiriendo dejar lo que son a elección de la la audiencia. Así pues, en vez de huirle a ser “fantásticos” o “especulativos” más autores deberían empaparse en ello y aprovechar la posibilidad que presenta para explorar temas desde perspectivas insospechadas.

Otra idea sobre la renuencia de la ciencia ficción sobre la fantasía, llámese realismo mágico o llámese nada, es que en líneas muy generales la fantasía suele ver hacia el pasado y lo orgánico, el mito y la naturaleza, mientras que, y esta es una hipótesis grosso modo, la ciencia ficción trata sobre el porvenir y el progreso, se interroga a donde irá el desarrollo humano.

Lo fantástico, pues, es algo que está tan integrado en nuestra mentalidad que ni siquiera lo notamos ya: Las niñas arañas de García Márquez, los reyes arabescos de Borges, los fantasmas de Juan Rulfo y así, prácticamente la mitad de lo que sabemos de nuestra historia no es más que mito. La idea que la fantasía debe ser una copia de Tierra Media o la Era Hiboria es una idea tristemente tomada de estereotipos y generalizaciones extranjeras y que Tolkien, al querer hacer prácticamente un Reino Unido prehistórico habitado por elfos y orcos no es diferente a un Gabo con un Macondo perdido entre la colonia y la modernidad con gitanos y aguaceros interminables.

¿Y qué pasa con la ciencia ficción? Bueno, en Venezuela, como probablemente ocurra en gran parte del mundo en desarrollo, la falta de una institucionalidad y continuidad de lo que generalmente se considera progreso ha atrofiado una clara perspectiva social sobre lo que es la contemplación a futuro, considerando esto algo más extranjero e impuesto que cotidiano y floreciente de nosotros mismos prefiriendo atenuarse a la clara y desgarradora realidad actual o al mítico pasado costumbrista, puesto que ambos presentan una idea mucho más clara de sus elementos narrativos y, específicamente, de mensaje e identificación. Al vivir en una sociedad donde el desarrollo es a largo plazo y esparcido y la realidad es inestable, la idea de una visión específica a largo plazo proveniente de una continuidad o un desarrollo concreto de lo actual resulta complicado para la audiencia.

Borges, Cortázar, Esquivel, Fuentes; todos usaron la ciencia ficción para dar una perspectiva única a su realidad. En nuestra propia Venezuela, Francisco Herrera Luque, conocido por sus novelas históricas y trabajos de psiquiatría, escribió una novela de ciencia ficción llamada 1998, publicada en 1992, la cual tristemente resulta difícil de encontrar. Hasta se ha intentado hacer películas de ciencia ficción en Venezuela, como ha sido el caso de EFPEUM.
EFPEUM o Estructura-Funcional-Para-Encontrarse-a-Uno-Mismo es una película experimental de 1965 realizada por Mauricio Odremán que orgullosamente usa el apelativo de ciencia ficción. La trama lidia sobre un arquitecto que, cansado por la conformidad de la época busca un místico, El Alquimista, para diseñar la máxima vivienda funcional: Un hogar sin puertas ni ventanas para la introspección y el autodescubrimiento. La antítesis del terrenal y opresivo superbloque.

En conjunto con Andreína, quien se suma al Alquimista y al Arquitecto y de la cual la película no escatima sus atributos, los tres caen en lo que se ve como una vorágine de de meditación y ritualismo y lo que se entiende como una fusión física y espiritual. Al final el arquitecto logra escapar de la estructura sin ventanas ni puertas de su propio designio para encontrarse reducido a nada, semidesnudo en la playa, mientras una banda marcial marcha frente a EFPEUM, que vagamente recuerda al cohete inconcluso de 8 ½ de Fellini, así como varios elementos de la escena final.

¿Es esta película ciencia ficción? Sí y no. Primeramente, es una película surrealista prototípica de lo que en menos de una década haría Jodorowsky (El Topo, La Montaña Sagrada) con ciertos toques sacados de los directores europeos vanguardistas de la época y esto no le quita y no le da la definición de ciencia ficción, por lo amplio que puede ser. Lamentablemente, las ideas interesantes y su osadía se pierden entre las limitaciones de la película, principalmente su falta de rumbo y arrogante hermetismo temático en la trama. Aun así, tiene cierta atrevida experimentación y búsqueda fuera de lo convencional que uno simplemente no puede dejar de admirar.





Para más información sobre esta película y su realizador Mauricio Odremán, pueden visitar un blog mantenido por su hijo centrado en la obra de este: http://mauricioodreman.blogspot.com/


http://1.bp.blogspot.com/-iaOvllve93M/T-DFdztBpCI/AAAAAAAAAKo/R4S4_nrphTo/s1600/nuevanariz_cierre.png


http://2.bp.blogspot.com/-P6x7ErWMeuY/T8VR5D4DyJI/AAAAAAAAAo4/XmNe_hI0F7c/s1600/Carnet-Acracia_Jose%CC%81.png

Editorial: Las Mariposas de Fukushima I

Publicado por David Parra jueves, 1 de noviembre de 2012 3 comentarios




Mérida. Me bajo de un bus en mitad de una infernal tranca en la avenida Los Próceres. Son las diez y media de la mañana y el avance de la unidad nos grita a los pasajeros: “Bájense aquí, que para La Hechicera no hay paso. No me van a quemar el bus” y nos hace salir a todos, abriendo ambas puertas de golpe. Hay disturbios; nadie tiene claro los motivos. Pasan tres motos de protección civil, que se detienen de golpe a unos ocho metros del trasporte. Comienzas a gritarle a los autos que se aparten; que abran paso, a la caravana de autos blindados del gobierno que vienen a toda velocidad a un par de kilómetros. Se escucha el barullo. Los autos se orillan, pegándose unos a otros lo mejor que pueden. Pasa el primer vehículo negro de seguridad, con los vidrios ahumados pisando a fondo y le siguen unos ocho vehículos blancos sonando sus escandalosas sirenas, con parabólicas en techo y chóferes militares que hablan por radio gritando en código. Toda la avenida se queda absorta mirando con desdén la caravana oficial. La procesión la cierran dos corsas negros con agentes rockwailers prestos a cualquier irregularidad. – Seguro traen a algún ministro, o al nuevo candidato de la gobernación-, me dice una señora mayor con un costal de mercado enorme, a los bordes de la tranca. Bajo caminando, bordeando el núcleo universitario y todas las rejas de acceso sencillo están selladas. Tengo que salir a la otra avenida – a casi un kilómetro de mi punto inicial-  para poder entrar. En la otra arteria vial- Las Américas- está el  disturbio. El azul del cielo se tizna en negro con la humareda de unos ocho cauchos en llamas en mitad de la avenida. La gran marea de peatones pasamos bordeando las llamas, que irradian un malasangroso calor toxico. Nadie mira directo a los ojos a los encapuchados. Éstos, impávidos y contentos, se entrevistan con la prensa, luciendo sus suéteres Hollisters y Quiksilver en la cámara de TAM exigiendo nosequemierdaderechos y parando a las motos y autos pidiendo peaje de gasolina o plata. De reojo al pasar, todos los estudiantes los miramos con odio. Nadie puede hacer nada.

Se supone mis queridos usuarios, que esta editorial seria en primera estancia para explicar el porqué en Venezuela, es el momento preciso para gestar y estudiar movimientos literarios y artísticos, que por X o Y razones – políticas, sociales, económicas- no terminaron de cuajar o adaptarse a nuestra realidad. Por ejemplo: la ciencia ficción distópica. Iba ser un llamado de atención a esa vacua generación de intelectuales cuarentones que pierden su tiempo haciendo ensayos hermenéuticos sobre film intensos norteamericanos, el reguetón, y los tukis – Recordar: las élites son solo la suma de todos sus placeres culposos- en portales dandys y aristocráticos; para que se pusieran a crear y a experimentar con elementos nacionales cotidianos que convierten a Orwell en un Notradamus del tercer mundo. Ya la tenia montada, lista. Incluso antes de las elecciones presidenciales. El colectivo zuliano Velvia, me había colaborado con un panel de distorsiones Glitch de imágenes extraídas del GangmanStyle -para llamar las atenciones de los nuevos blogueros intensos ventiunañeros, imbuidos actualmente en discusiones pro-apatía política en sus muros de Facebook y en dilemas dialécticos complejos como si ir a ver no Abraham Lincon Vampire Hunter o no- y darles una pequeña idea de cómo funcionaba el Nuevo Big Brother, que como explica Palhanihuk, no nos vigilia, intimida o persigue, sino más bien canta y baila para nosotros; nos entretiene, dopa y ciega, amarrándonos con las matrices de pensamiento y opinión oficiales a su conveniencia, atando nuestras muñecas y tobillos con nuestra propia lengua como una caricatura sadomasoquista de Bugs Bunny. Incluso paré a todos los columnistas responsables que también tenían súper listos sus artículos, con la promesa de soltar un tubazo luego, para continuar con la pauta regular y las reseñas de arte, música y poesía con las que habitualmente trabajamos. Pero no pude hacerlo. En su lugar les traje esto. Y discúlpenme si les falto el respeto, pero cuando comencé a escribir, ésto fue lo que salió.

Son las dos de la tarde. Salgo del trabajo  -al que también llegue tarde por las manifestaciones- y camino por una avenida desierta ya que no hay buces, ni taxis, ni moto taxis cercanos para poder movilizarse. El sol que hace me golpea caliente el rostro como si los rayos estuviesen hechos de voraces avispas invisibles. En la radio dijeron que la misma acumulación infernal de desechos –toneladas y toneladas en las calles- con la lluvia y con el sol de verano, generaban unos gases tipo invernaderos que mantenían a la ciudad encerrada herméticamente. Comida en descomposición dentro de un tupperware urbano, acumulando día a día un asqueroso vaho de podredumbre recalcitrante. Una pala de construcción levanta al fondo de la calle un montón de basura que llega sin exagerar, hasta el primer piso de un edificio residencial. Caminando poco a poco, me voy acercando al espectáculo y me sorprendo al ver que media cuadra de asfalto naturalmente negro, brilla y reluce a la luz naranja del sol con una coloratura blanca marfil. Además de eso, esta peculiar blancura se mueve, y no precisamente por la ilusión óptica del calor. Se mueve porque me encuentro de frente con más de media cuadra de larvas de moscas vibrando en el suelo. Las pobres se toparon con sol después de varias semanas y ahora rebullen desesperadas en piso. Casi puedo escucharlas chillar cuando un hombre curtido con una pierna de metal –que lleva además sobre su espalda amarrado un cartón en el que se lee: “se saca la basura por 10bs”- rocía medio galón de kerosén sobre unos cinco metros de gusanos y luego de barrerlas y amontonarlas con cepillo gastado, les prende fuego. Algunas personas tal como yo, se detienen y miran en silencio. Por la avenida pasan dos trictones policíacos hasta el techo de anti-motines  La gente deja de mirar como se calcinan las larvas y enfoca la atención en los policías por un segundo. Los pacos después de almorzar, van silbando bajito con ganas de descargar perdigones sobre muchachos quemacauchos empericados. Sigo caminando, parece que en la noche lloverá. El hombre de la pierna de metal me sonríe mientras barre más larvas para incinerarlas. Le devuelvo la sonrisa. Sigo caminando.

Es complejo intentar comportarse como un periodista sensato en este país sin caer en el actual vicio editorial de la Pornomiseria, cuando la realidad tal cual ya es lo suficientemente explicita y difícil de contar, siendo confuso relatarla sin ofuscarnos y parcializarnos en dolientes o indolentes juicios personales. En las publicaciones nacionales la pornomiseria consiste en tomar esta carne molida cotidiana, ponerle luces de neón y venderla con el ímpetu que podría tener un hijo entre Marcel Granier y Diosa Canales. Es costearte con eso las vacaciones intercontinentales a las que poéticamente muchos periodistas llaman: Exilio. Ponerle los signos de exclamación, las negritas y las cursivas, a artículos robados de pasantes guerreros de comunicación social, para enseñárselos a profesionales canosos de la disfunción eréctil y así ser invitados a trascribir artículos en francés con todos contornos y toppings neoliberales que desee agregarle, contando con jugosos honorarios. La otra opción -la otra cara de la pornomiseria- es incluso menos profesional, ya que exige del completo silencio. Mientras en algunas publicaciones te muestran un close up HD de los sesos de una pareja de sicarios –quien ya no se mueve ya no tiene dignidad, que sonría ajuro para la instantánea- con titulares socarrones en letras grandes, en otras la omisión es la pauta diaria. Nunca ocurre nada. Nunca pasa nada. Todo es un continuo estáticamente progresivo. Todos sonríen siempre amargamente, como quien cuenta chistes en un velorio de un ser querido. La culpa es de la vaca al otro lado de la talanquera. En canales oficiales jamás hay malas noticias. Si por ellos fuera, todos seriamos inmortales. La imparcialidad la dictamina el usuario cuando escoge cuál de las fuentes es menos mala.

Analizar la situación de nuestra nación es la problemática mediática más grande de principio de siglo. Y así como hablé de las larvas y la basura mas arriba, no estoy exagerando con ésto. Es inconcebible que los termómetros de las obviedades –los ácidos estadistas- se hayan convertido en nuestros mejores analistas políticos. Todo análisis individual de la realidad expresado por cualquier otro especialista, termina siempre por convertirse en una verborragia aturdida, innecesariamente violenta, distorsionada, en donde los matices políticos saltan como el agua sobre el aceite y nunca se termina de cocinar bien ninguna idea completa. El Caimanerismo como nueva propuesta de análisis social. De resto, a las nuevas generaciones nos consume la arrogancia populista de las nuevas tecnologías. Es más, la nueva tanda de intelectuales y futuros periodistas nos creemos lo suficientemente capacitados para emitir juicios autorizados. Simplemente no porque queremos sino porque podemos hacerlo. A lo malandro, gansters de Wikipedia. Creemos ciegamente en el poder de la santa globalización. Sensualmente cínicos. Afiladamente patéticos. Convirtiéndonos todos en unas repetidoras elegantemente imparciales.

Efectivamente llovió. Son las seis y media de la tarde y llueve cantaros sobre la ciudad. Un palo de agua que hace correr a todos peatones y enturbia gravemente el trafico. Me llama la atención que en el supermercado chino más grande de la ciudad está cerrado y custodiado por al menos ocho policías nerviosos. Imagino que lo robaron o algo paso adentro. Hay muchísima gente afuera a pesar de la lluvia. Apiñada una contra otra, entrechocándose, insultándose y haciendo ademanes obscenos. La policía mantiene una tensa calma. Dos agente en el segundo piso guían a las personas que salen del supermercado. Las salidas principales también se encuentran vigiladas por chinos estáticos sobre altas escaleras de pintura. El policía de mayor rango ordena a la multitud hacer una fila, que se torna larguísima y amotinada. Tres chinos abren con cuidado -por miedo a un motín o estampida- la enorme y grafiteada puerta. Están dejando pasar de a grupos de veinticinco personas. “¡Cinco kilos por cabezas!” repite el oficial de mayor rango mientras recorre de extremo a extremo la cola que ya alcanza la longitud de más de dos cuadras hacia arriba. La lluvia arrecia. Todos aguardan impaciente su turno para rescatar harina para las arepas. Corro y hago la fila. Alguien se colea de repente, todos se alteran. Grito e insulto, junto a todos los demás.  La única cosa a la que han regulado en los últimos cincuenta años es a nosotros.

Esta editorial tenía como espina dorsal unas cinco sabrosas citas extraídas de libros cyberpunks  escritos por introspectivos autores, que decidieron plasmar lo que veían venir desde su aventaja posición social, en una resentida metáfora litero-futurista llena de autocensura aburguesada. Iba a usar también vídeos de conciertos holográficos japoneses, fotos de mariposasmutantes por la radiación atómica, canciones atorrantes de grupos neo-ravessurafricanos, reseñas de drogas sónicas que alteran la percepción mediante vibraciones bineurales, algunos chistes y acotaciones sobre el Dupstep, más un par de recomendaciones de animé noventoso para explicar mi concepción practica de distopía y el porqué era importante contextualizarla a nuestro marco social. Pero cuando me baje de ese autobús, se me quito la paja mental de querer ser cool y la necesidad imbecil de ganar seguidores (as)  y decidí entonces escribir tres páginas para afirmar:

LA DISTOPÍA ES AHORA.

Así que colega –si tú, artista/escritor/periodista-, afuera es CityVille la que se quema.

Y como la antigua Ilión; necesitará de todos los bardos posibles para cantar la gloria de sus cenizas.  








Rebolledo nació en Caracas en el 70, desempeño su pericia como Dj en clubes como el Moloko y Pigmalión, también ejerció rol como periodista en el diario El Nacional donde se destacaron sus columnas con extraordinarias historias sobre las invadidas noches nihilistas de una Caracas encendida y mortal, también escribió para El Globo, El Universal y Urbe; este torrente lo condujo a PIN PAN PUN su primera novela editada en el 98, y por esta finalista del premio Rómulo Gallegos.

Escrita magníficamente en argot en pleno estallido raver en Caracas, se pasean por ella personajes extravagantes y hedonistas, desesperados con la búsqueda de la felicidad instantánea, como si ella se paseara por los balcones de El Ávila y hablara con los niños transeúntes. La novela titila entre la línea autobiográfica del autor y un prologo que reza al final, como para asegurarse de todo mal futuro: "Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia" como Harry el personaje que interpreta Woody Allen como escritor en el film homónimo "Deconstructing Harry" del 97. La novela posee también ligeros saltos gloriosos al vació, micro-poemas de atardeceres surf acuartelados e incertidumbre. Nos revela la polaroid difusa de una generación decadente, el objeto perdido del deseo, una joya inusual de la literatura venezolana de finales de siglo, un Best seller con techno y un “manual practico del punk ejecutivo”.
           
Para el año 2010 ocurrió lo inesperado, Ediciones Puntocero se vino con la iniciativa fresca de resucitar un clásico y edita PIM PAM PUM ahora con cambio de titulo (Rebolledo se replantea y decide remplazar las "enes" por las "emes") también viste una portada épica del artista y fotógrafo venezolano Nelson Garrido realizada en el 93 titulada "Caracas sangrante" una vista panoramica de una Caracas teñida por la violencia y la desigualdad, el recurrente tema una piramide invertida. Esta nueva edición de la novela, en sustancia intacta y fiel a las dos primeras ediciones, situada al margen del presente, escrita en algún espiral sensitivo del pasado siglo por Alejandro y su propio recorrido fantástico de la memoria, nos lleva inexorablemente por los toboganes roídos del tiempo colisionando por fin con las nuevas practicas cotidianas y expectativas híper-modernas. Aunque el tiempo albergue múltiples toboganes dentro de si y exista el internet y la física cuántica, es un alivio para los curiosos, los “old school”, los noveles y los apasionados tener la posibilidad de atesorar algún numero de PIM PAM PUM en algún recoveco interno.

PIM PAM PUM: Una mirada.
 La novela desde el comienzo es un impulso, desde el verdadero significado del impulso, eso que se siente por instinto y cae por gravedad sobre los actos, no importa las intenciones, el bien y el mal es relativo. También esta presente en ella alguna esperanza de que algo súbitamente bueno pueda suceder y sorprendernos. Los personajes se estiran y se encogen en una novela atemporal, buscando, siempre buscando, sin encontrar aquello que se perdió detrás de los espejos.
La verdadera materia del libro no comprende la moral ni las luces de Bolívar tampoco la conciencia social del venezolano. Esto podría ser lo que PIM PAM PUM nos hace llegar desde sus líneas: el desdén planetario por la vida, lo que no nos importa. Sentir más, llegar al otro lado del placer para luego sentir menos y al fin, quizás, aliviar algún dolor de infancia o algún trauma auto-inducido  con la joven excusa de besar al ocaso en los ojos.
           
El tobogán nos trajo hasta aquí desde el bucle generacional de los noventas, transcurre el 2012 presumido ante nosotros, ya permitiéndonos disfrutar con deleite de PIM PAM PUM un mamut sintomático que mira con nostalgia y le urge gritar.





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