David Parra plantea y cuestiona ciertas verdades absolutas de lo que
entendemos por internet, enfocándose en el rol que los usuarios cumplen
dentro de la misma. ¿Somos realmente libres en la Web?. Agárrense que lo que vamos es en bajada.
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"Esto es el Barrio Chino, Marge"
Homero Simpson parodiando a Jack Nicholson.
Es difícil identificar el momento en que la ilusión de libertad –parcial o total- se convirtió en la nueva venda 3D de un sistema importante e influyente como el actual océano 2.0. Personalmente nunca entendí por qué el término “Red” –inventado por las arañas para depredar y por los pescadores y cazadores para capturar- fue empleado para unir, agrupar y conectar grupos de individuos con mentalidades, culturas y formas de vivir tan heterogéneas como la salvaje fauna amazónica. Nunca comprendí tampoco, cuándo pasamos de crear a rendir completo culto a lo creado: culto al artificio y a la maravilla hecha por nuestro ingenio tecnológico. Otorgamos completa credibilidad a un brazo más de la mentira histórica y corporativa, pagando tributos a viejos dioses con otros nombres, inclinándonos frente el resplandor de la última utopía comunicacional humana donde el concepto supone que todos decidimos, creamos y compartimos a nuestra manera y todo funciona a nuestra imagen y semejanza.
Pero déjenme decirles, colegas, que cuando
algo es tan grande como la brecha y las hilachas que pueden verse a simple vista,
terminan por ser asimiladas como parte del cocido, aceptadas por convención y justificadas como
detalles menores o errores de sistema.
El trabajo de este blog no es no
solo ver la grieta sino terminar de abrirla.
El esquema de la censura mutó a un
organismo más complejo y elegante. Ya nadie te prohíbe qué decir, mencionar, creer, escribir o crear. Todo lo
contrario. La sugestión totalitaria de las matrices de opinión facilitaron el
trabajo: La repetición es la dieta, La creencia colectiva el dogma inquisidor y la opinión unánime es el código de pertenencia. El Trending Topic se convirtió en
el nuevo Padre Nuestro, el Timeline es un sexy y convulso New Reich. La visceralidad
se mantiene ante todas las cosas. Lo que aliena más rápido es el odio
recalcitrante que -como una mezcla de pólvora y cocaína- debe ser bombeado en cantidades exageradas sobre sus
respectivos estadios comunicacionales. El humor pasivoagresivo es el nuevo
bufón del poder. La crítica hilarante se ha vuelto inofensiva, la parodia es
vacua y tranquila. La risa solitaria se escucha con una brevedad hueca por los chistes
gráficos importados y hechos en Paint.
Nos arrodillamos frente a la cantidad inmedible de followers que nuestros héroes –desde políticos a artistas- compran con sus tarjetas de crédito a empresas que se encargan de generar usuarios falsos por hora. Aprendimos a medir el éxito de alguna cosa en la internet por los cientos de Likes marcados en sus homepage que autómatas malpagados han hecho desde algún lugar al suroeste de Asia. Evocamos calidad e innovación por las vistas exacerbantes de videos y páginas que se pueden costear en moneda europea, en donde incluso se puede decidir cuántos wiews deben aparecer por segundo en el velocímetro de tráfico online. Creemos que contamos en algo. Creemos en hackers antihéroes que juegan contra las corporaciones –para las que trabajan- su versión comic de la guerra fría. Creemos que las publicaciones respaldan nuestros discursos. Creemos que tenemos razón y creemos en la reciprocidad y hermandad. En que somos legión y la Matrix no puede contra nosotros. Que podemos ser escuchados. Las redes sociales seguirán instándonos a gritar bastante y bien duro mientras lo sigamos haciendo en los htmls de sus potreros. Mientras sigamos protestando y quejándonos de cara a su publicidad luminiscente y seductora. Mientras sigamos haciendo clicks que se vuelven dólares o yenes materializadores de islas artificiales, construidas con los recursos del planeta a los bordes de Dubai.
Nos arrodillamos frente a la cantidad inmedible de followers que nuestros héroes –desde políticos a artistas- compran con sus tarjetas de crédito a empresas que se encargan de generar usuarios falsos por hora. Aprendimos a medir el éxito de alguna cosa en la internet por los cientos de Likes marcados en sus homepage que autómatas malpagados han hecho desde algún lugar al suroeste de Asia. Evocamos calidad e innovación por las vistas exacerbantes de videos y páginas que se pueden costear en moneda europea, en donde incluso se puede decidir cuántos wiews deben aparecer por segundo en el velocímetro de tráfico online. Creemos que contamos en algo. Creemos en hackers antihéroes que juegan contra las corporaciones –para las que trabajan- su versión comic de la guerra fría. Creemos que las publicaciones respaldan nuestros discursos. Creemos que tenemos razón y creemos en la reciprocidad y hermandad. En que somos legión y la Matrix no puede contra nosotros. Que podemos ser escuchados. Las redes sociales seguirán instándonos a gritar bastante y bien duro mientras lo sigamos haciendo en los htmls de sus potreros. Mientras sigamos protestando y quejándonos de cara a su publicidad luminiscente y seductora. Mientras sigamos haciendo clicks que se vuelven dólares o yenes materializadores de islas artificiales, construidas con los recursos del planeta a los bordes de Dubai.
Nuestro bozal sigue siendo de arepa, pero ahora el relleno viene en HD.
Como usuarios solventes, son pocas las
veces que nos detenemos a cuestionar lo que vemos día a día dentro de nuestros
monitores y más aún, lo que nosotros mismos colocamos allí. ¿Son realmente propios
los criterios que posteo en mis timelines? ¿Qué material es el que redirecciono a los demás? ¿Bajo
qué lineamientos reales juzgo, señalo o comento algo? ¿Decirlo todo es tener
completa libertad de expresión? ¿Es claro el concepto de libertad de expresión?
¿Cambia realmente algo de lo que cuestiono y critico? ¿Por qué existe tanto odio
dentro de las redes sociales nacionales? ¿En qué se basa el contenido que subo
a la web, las páginas que sigo, los portales que visito?
¿En cuáles fuentes creo?
En esta época dudar es anacrónico. Es
un ejercicio medieval que se lo dejamos a los científicos anticuados que se
preocupan por cosas más profundas que curar la calvicie y a los filósofos
nihilistas y solitarios que terminan por tomarse un jugo de gramoxon para que
publiquen sus tesis después de enterrarlos. El problema no es tener fe en algo,
es estar consciente de qué es lo que en realidad creemos y porqué lo hacemos.
En la literatura, la música y cualquier manifestación plástica sincera, creer y hacer abre una brecha completa en un sistema tan cosificado y automatizado. Es natura silvestre creciendo en los zigurats de bytes con los que están hechos los portales y sites.
En Venezuela –y podría asegurar que en muchas otras partes de Latinoamérica-, esto se está convirtiendo no solo en una alternativa sino en una respuesta concreta. La adaptación parcial o completa de los artistas a los nuevos lenguajes y la modificación de los mismos con códigos propios, es algo que no se esperaba. Y desde arriba -en la tierra de los burós y las corbatas- daban por sentado que no ocurriría o al menos, no tan pronto. Debido a ello es que recientemente se ha intensificado la estigmatización –políticamente polarizada o neutra- de la juventud intelectual como grupos sectarios idiotizados sin ideas claras, planteamientos concisos o bases solidas de pensamiento. Por eso es recurrente la afirmación de que los jóvenes intelectuales terminan por ser marionetas vacías y sujetos atípicos y confusos, presas de una clase social determinada, muy a los márgenes: o muy rica o muy pobre, que los enjaula en burbujas de peligrosa ignorancia. Tristemente, el escarnio y la crucifixión a la generación 00’ viene de la mano de sus propios contemporáneos.
En la literatura, la música y cualquier manifestación plástica sincera, creer y hacer abre una brecha completa en un sistema tan cosificado y automatizado. Es natura silvestre creciendo en los zigurats de bytes con los que están hechos los portales y sites.
En Venezuela –y podría asegurar que en muchas otras partes de Latinoamérica-, esto se está convirtiendo no solo en una alternativa sino en una respuesta concreta. La adaptación parcial o completa de los artistas a los nuevos lenguajes y la modificación de los mismos con códigos propios, es algo que no se esperaba. Y desde arriba -en la tierra de los burós y las corbatas- daban por sentado que no ocurriría o al menos, no tan pronto. Debido a ello es que recientemente se ha intensificado la estigmatización –políticamente polarizada o neutra- de la juventud intelectual como grupos sectarios idiotizados sin ideas claras, planteamientos concisos o bases solidas de pensamiento. Por eso es recurrente la afirmación de que los jóvenes intelectuales terminan por ser marionetas vacías y sujetos atípicos y confusos, presas de una clase social determinada, muy a los márgenes: o muy rica o muy pobre, que los enjaula en burbujas de peligrosa ignorancia. Tristemente, el escarnio y la crucifixión a la generación 00’ viene de la mano de sus propios contemporáneos.
A los doscientos cincuenta usuarios
que se acercan a diario a este fanzine de plantilla clásica oldschool, les digo que eso puede ser diferente. Que no necesitamos invitar a comermierda en
nuestros post con hipocresías snobs, para cuestionar y problematizar nuestra
realidad plástica o literaria. Que sí se pueden armar los espacios tolerantes
para entretejer planteamientos fuertes en donde las ideas protagonicen las discusiones. Que no necesitamos la aprobación o beto de ninguna institución
pública o privada para que lo que aquí se diga sea oficial y se avale frente a
la crítica – o criticones- marca ACME. Que lo estamos haciendo porque podemos
hacerlo. Que los jóvenes de
principios del siglo veintiuno: los artistas, poetas, ensayistas, fotógrafos,
ilustradores, pintores, músicos, científicos, ideólogos, filósofos y
deportistas se merecen un lugar en los libros de historia hispanoamericana. Que nuestra generación no solo será recordada
por ser la que más sangre derramó sobre el suelo de su continente, desde México
hasta lo más lejano de la Patagonia recorriendo todo el Caribe. Que también valemos, pensamos y soñamos
con algo mejor que el infierno indeterminado con el que nuestros ancestros se
lavaron las manos.
Que con nuestro trabajo podemos escribirlo.
Que somos futuro.
Que somos futuro.
Esta es una nueva fase en APLPorcs y a quienes me lean les reitero:
Esto no es un simulacro.
Así que, por favor, a sus puestos de combate.

















Excelente publicación. Debo decir que es una de las mejores que he leído en el 2012. También opino que es tiempo de que todas las minorías activistas, colectivistas, se junten a los medios alternativos e independientes y vayan apoderándose paso por paso del presente y todo lo que crean mal. Es algo que tomará tiempo, pero eventualmente la apatía de nuestra generación va a ir desvaneciéndose más porque todos los días comemos más y más noticias queramos o no.
En América Latina es mucho más sencillo que suceda esta unión (por más utópico que suene el convenio de masas activistas) porque acá no hay gobiernos que estén tan preparados para manejar las guerrillas de cuarta generación como lo han hecho los gringos o los Británicos (ejemplo el como la CIA se puso con el movimiento de Kony 2012 solo por buscar mover tropas a Uganda y tomar el petroleo).
Excelente publicación, sin duda para mi fue un ventana a la autocrítica.
Suena a panfleto. Mosca con eso.
Compadre, no suena, es.
¿Desde el internet para el internet?.